Pisar fuerte desde la cuna
Buscan propiciar la temprana estimulación de los bebés, fomentar el apego entre los padres y los hijos y, en muchos casos, combinan ambos objetivos. Las propuestas para rellenar la agenda diaria de los más pequeños de Valladolid cada día son más completas y variadas. Los estudios científicos que demuestran que el aprendizaje comienza en el útero materno y que hasta los tres años el cerebro de los niños es una auténtica esponja conviven con aquellos que atestiguan que promover el contacto físico, la proximidad y el tacto con sus progenitores durante los primeros meses de su vida les garantiza un futuro más feliz. Pero hay otros factores que justifican ese crecimiento exponencial de las actividades dirigidas a bebés en Valladolid, que van desde el yoga al inglés, pasando por los masajes, la natación, la gimnasia e, incluso, la danza del vientre.Una de los más evidentes, y no por ello menos importante es el clima. Los paseos al aire libre y los parques no son una opción en el crudo invierno vallisoletano y, en opinión de muchos padres, tampoco lo son las cafeterías de la esquina. El segundo, aunque parezca contradictorio, son las guarderías. El trabajo obliga a ‘aparcar’ a los pequeños durante horas y los progenitores desean exprimir al máximo el tiempo que pasan con ellos sin escatimar en abrazos, cariños y roces. 

Una de las apuestas más veteranas y que mayor aceptación tiene entre los vallisoletanos es la natación. A las ofertas de las piscinas privadas se suma la de la Fundación Municipal de Deportes, que en sus instalaciones imparte durante todo el curso escolar sesiones acuáticas para niños de entre doce y cuarenta meses. Los pequeños, agrupados por edades, toman contacto con el agua y absorben de ella todos sus beneficios. Habituar al pequeño al medio acuático y favorecer su desarrollo psicomotriz es el objetivo principal de la actividad, aunque también se considera prioritario favorecer la comunicación socio-afectiva con la madre o el padre en la visita semanal a la piscina. «El medio acuático y su entorno procuran situaciones con variedad de estímulos que les ayudan en su maduración», apuntan desde la FMD.

Masajes de aproximación

También de carácter público son las sesiones de masajes para bebés que las matronas proponen a las madres recientes en la mayoría de los centros de salud de la capital y la provincia. «Con el masaje infantil se aprende a perder el miedo a acercarse al niño. Además de los beneficios fisiológicos, se estimula toda la parte emocional mediante las caricias, los besos, los abrazos… En cierto modo, se trata de sentar la base, un cimiento, como ocurre cuando se hace una casa, para cuando el niño crezca», resume la educadora Paloma Garrido.

Este tipo de propuestas se han convertido en habituales, como corriente es ya también que las guarderías y algunas academias incluyan en su oferta la enseñanza de una -o varias, en el caso de centros como, por ejemplo, Baby Lingua- lengua extranjera basándose en que el juego y el aprendizaje natural del idioma, al igual que se aprende el materno, es el único camino hacia el bilingüismo. A ellas se suman otras iniciativas bastante más recientes, como aquellas en las que voluntarios o profesionales tratan de hacer hincapié en la importancia de una crianza afectiva, que comienza en opinión de sus promotores, en una lactancia del bebé ‘a la demanda’. Este es el caso del grupo La Escuelita, que propone cursos de ‘crianza’ para familias embarazadas, con bebes y/o niños pequeños y, sobre todo, de la asociación Con Mimo, cuyas alternativas son de lo más variado. El yoga posnatal (madres e hijos) y los talleres de masaje infantil conviven en el programa de la agrupación con actividades más novedosas como la danza del vientre madres-hijos o las clases de ‘porteo’, para enseñar a los padres a trasladar a los pequeños en grandes fulares.

Beatriz de la Calle, fisioterapeuta, y su compañera Eva Gil, profesora de yoga, decidieron poner en marcha la asociación -ahora tienen la sede en la calle Joaquín Velasco Martín, de Parquesol- para abrir «un espacio familiar, en el que los padres dispongan de un lugar donde hablar, compartir experiencias, dudas o preocupaciones, y en el que poder aprender a relacionarse con sus hijos de otra forma». Todo lo demás, ha ido surgiendo a demanda de los asociados.

«Consideramos que el tacto es el primer lenguaje que tiene el bebé y que el contacto humano es muy importante, de ahí que defendamos el ‘porteo’ como alternativa a la sillita tradicional. No hay que dejarles llorar, no hay que tener miedo a abrazarles constantemente y hay que favorecer los momentos en los que padres e hijos comparten experiencias juntos», explica la fisioterapeuta.

Este tipo de espacios dan también la oportunidad a las madres, por ejemplo, de continuar amamantando a sus hijos mientras practican yoga o danza del vientre, sin las tensiones y las restricciones que se producirían en las clases tradicionales. «Ellos, por su parte, aprenden a relacionarse, mejoran su creatividad e incrementan la seguridad en sí mismos», apostilla De la Calle.

Yoga madre-hija

G. A., de 35 años, es una de las mujeres que desde hace tiempo acude con su pequeña de 18 meses a unas de las sesiones de yoga posnatal de Con Mimo. Contactó con la asociación porque deseaba continuar con la práctica del yoga sin necesidad de renunciar a estar con la pequeña -«que, por otro lado, me absorbía todo el tiempo»- y ha acabado convencida de que la práctica conjunta de la disciplina es beneficiosa para ambas.

«A mí me está permitiendo hacerlo, aunque sea al 50%, y compartirlo con ella, y a la enana le está sirviendo para sentirse cómoda con otro tipo de actividades que no sean el parque o la silla. Creo que es muy importante promover todo lo que sea el contacto físico con los hijos -aclara la alumna- y en este caso ellos, además, empiezan a imitar, a aprender esquemas corporales, a relajarse tumbados… Todo es positivo».

Aunque cualquier actividad que fomente la psicomotricidad o el desarrollo sensorial y cognitivo de los recién llegados al mundo es ‘estimulante’, el primer centro de estimulación temprana propiamente dicho de Castilla y León está en la vallisoletana calle de Panaderos. Los alumnos de Genius tienen entre cero y cuatro años y también acuden a las clases acompañados por sus padres. Unos y otros realizan ejercicios, actividades y juegos con un objetivo: «Que los niños aprendan aprovechando sus capacidades innatas y que se diviertan haciéndolo», explica su directora, María Luisa Dapena.

El denominador común de todas estas sesiones es la música, «porque las conexiones neuronales del cerebro se activan mucho más gracias a ella. Sobre todo si son piezas con toda la orquesta, ya que se emplean todas las gamas sonoras». La especialista, técnico en estimulación y diplomada en música, asegura además que el trabajo conjunto con los progenitores es fundamental, «porque a estas edades los padres son los mejores juguetes para los niños». Los ejercicios y las actividades de esta academia tan especial se adaptan a la edad y necesidades del alumno y se pueden y deben trasladar después al día a día. «Los padres de ahora no tienen el tiempo que tenían los nuestros y agradecen que les enseñes juegos y propuestas para aprovechar el poco que la ajetreada vida diaria les deja con sus hijos», conlcuye.

En el pequeño centro educativo no se busca modelar genios, sino «que los pequeños vivan un desarrollo feliz y a su ritmo». Las consecuencias de este tipo de estímulos tienen son muchas: los bebés acaban consiguiendo una mayor seguridad en sí mismos, aprenden a enjuiciar críticamente, adquieren una actitud musical y una destreza artística, desarrollan sus capacidades motrices, maduran antes… y así hasta un largo etcétera.

Fuente: El Norte de Castilla